Santander y Santillana del Mar

En nuestro afán de aumentar los kilómetros a nuestro coche continuamos nuestro viaje esta vez dirección Cantabria, primera parada Santander.

Después de un par de cafés por el camino llegamos a Santander. Comenzamos en los Jardines de Pereda y su Tiovivo. Que ilusión me hizo encontrarme un tiovivo, no tenéis más que ver mi cara en el vídeo que os dejo más abajo. La infancia volvió a mi en un sólo instante.

Después de disfrutar de esta experiencia nos dirigimos hacia la Plaza de Alfonso XIII sin dejar de ver el edificio del Banco de España. Una vez allí te encuentras con la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Santander y la Iglesia del Cristo. La catedral no nos sorprendió demasiado, claro que valorar las catedrales del resto del “mundo” teniendo la de Santiago de Compostela en casa…pues la verdad es que no podemos ser muy objetivos. No es que no nos gustara, es que nos pareció pequeña. Cuando escuchamos catedral pensamos en algo grande, muy grande, como la nuestra, y en el caso de la de Santander es “pequeñita”. Por fuera no es que llame mucho la atención, por dentro es muy bonita, sus vidrieras y su órgano nos gustó mucho, pero sobre todo destacamos su claustro, muy bien conservado y cuidado con su jardín y su fuente para que beban las palomas. Una vez terminado el recorrido por la catedral nos dirigimos al casco histórico y en concreto a la Plaza Porticada.

Llegados a este punto decidimos perdernos por sus calles y comer algo para, más tarde, continuar viendo Santander. Cual fue nuestra sorpresa que en medio de nuestro paseo la galerna llegó. Y os preguntaréis que es la galerna, nosotros tampoco lo sabíamos, pero es una ráfaga súbita y borrascosa de viento frío y húmedo que levanta la arena de la playa, la cual te deja sin visión y con un picor en la piel considerable. Lo mejor es ponerse a cubierto cuanto antes y esperar a que pase. Así que si vais en primavera u otoño, a la zona del mar cantábrico y el golfo de Vizcaya, es un fenómenos meteorológico que tenéis que tener en cuenta y del que debéis protegeros.

Una vez terminamos de comer y que la galerna se acabara, nos dirigimos a la Península de la Magdalena donde pudimos recorrer todas sus 24,5 hectáreas de jardines y parques, bueno vale sus 24 hectáreas no pero casi casi. Sus diversos monumentos como la estatua del famoso Feliz Rodríguez de la Fuente, el Palacio de la Magdalena, el Parque Marino, el Museo al aire libre “El Hombre y el Mar”, el Faro de la Cerda, la Campa de la Magdalena y la Isla de la Torre. En este caso salimos encantados de este lugar, por la conservación del parque, el museo del hombre y el mar con sus goletas y barcos piratas, y su parque marítimo con sus pingüinos y leones marinos. Salimos maravillados de este lugar.

A la carrera y con las horas muy justas nos dirigimos a nuestra siguiente parada, Santillana del Mar.

Como seguro que ya sabéis Santillana del Mar es el pueblo de las tres mentiras, ni es Santa, ni es llana, ni tiene mar, y es uno de esos pueblecitos de España de parada obligada.

Queríamos parar también en las Cuevas de Altamira, pero el reloj nos pisaba los talones así que hicimos un pacto no escrito con esta zona de España, de volver y recorrer zonas que nos iban a quedar sin ver por falta de tiempo.

Una vez entras en Santillana del Mar te das cuenta que por algo es un pueblecito tan famoso, sus calles empedradas de estilo medieval conservan todo el encanto de tiempos de cruzadas, caballeros y damas de la corte.

Entre sus calles y sus edificios antiguos llama la atención la iglesia de la Colegiata de Santa Juliana, construcción románica de finales del S. XI – principios del XII.

Nos marchamos de Santillana decidiendo cuando íbamos a volver para disfrutar del lugar más tranquilamente y disfrutar del ambiente de tapas y vinos que hay. Un cierre perfecto a nuestra visita a Cantabria.

Ya falta poco para terminar este viaje y en los próximos post podréis ver nuestra última parada, Asturias.

Espero que os guste le vídeo. Hasta la próxima… 😉

Larga vida, y VitaPerse.

 

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